Esta sentada con las piernas cruzadas de espalda a la pared.
Me mira.
Me observa con sus inocentes ojos marrones.
Tiene las manos reposando sobre el vuelo de su vestido.
Es un vestido blanco con flores de colores amarillas, rojas,azules...
Y su pelo castaño esta recogido en una coleta.
Se parece a mi, a la niña que fui.
Pero no soy yo.
Al menos no del todo.
Reconozco en ella mis ojos.
Mis cejas, aunque ahora esten depiladas, mantienen la forma.
Mis labios, no muy gruesos y pegados por vergüenza a sonreir por absurdos complejos infantiles.
Y los regordetes dedos que antaño tenia con las uñas mordidas,y que, con el paso del tiempo se afinaron y remodelaron.
Pero su mirada...su mirada a cambiado.
Perdio su velo inocente e inseguro.
Perdio parte de su ingenuidad.
Y me mira reprobatoriamente.

Porque no perdio sus ganas de amar, ni su necesidad de cariño...
Porque necesita un abrazo más que ninguna otra cosa en el mundo...
Porque aun de vez en cuando se siente igual de perdida como cuando era niña...
Porque la soledad no es siempre una buena compañera de juegos...
Y porque hoy tiene ganas de llorar...y no hay hombro sobre el que apoyarse.